Por Dra. María Lorena Ferreira Aranguren, médica especialista en Inmunología y Alergias (Universidad de Chile), Registro Superintendencia de Salud N° 32448. Revisado el 22 de octubre de 2026.
La infección pasó, pero el cansancio, la niebla mental o el corazón acelerado siguen ahí meses después. Esta guía explica qué es el COVID prolongado, cómo se reconoce, por qué forzar el ejercicio puede empeorar algunos casos y qué tratamientos tienen respaldo.
Muchas personas llegan a la consulta cansadas de explicar que están cansadas. Les dijeron que era estrés, que a esta altura ya deberían estar bien, que hicieran más ejercicio; algunas lo intentaron y quedaron peor durante días. Traen exámenes normales y una vida que se fue achicando: menos horas de trabajo, menos salidas, menos paciencia con su propio cuerpo. Me preguntan seguido: “Dra., ¿esto es real o me lo estoy imaginando?”. La respuesta corta y la larga, con evidencia.
Respuesta corta. Es real. Después de una infección, sobre todo por COVID-19, una parte de las personas queda con síntomas que duran meses: cansancio, niebla mental, palpitaciones, mareos o un empeoramiento claro después del esfuerzo. No existe un examen que lo confirme, así que el diagnóstico se hace con la historia y descartando otras causas. No se cura con suplementos ni forzando el ejercicio. Lo que ayuda es dosificar la energía, una rehabilitación ajustada a cada persona y tratar lo que sí se puede tratar.
Qué es el COVID prolongado
Hay dos definiciones que se usan en el mundo, y se parecen bastante.
La Organización Mundial de la Salud, a partir de un consenso de 265 participantes, la llama condición post COVID-19: ocurre en personas con infección probable o confirmada, habitualmente a los 3 meses del inicio, con síntomas que duran al menos 2 meses y que no se explican por otro diagnóstico. Los síntomas pueden persistir desde la infección o aparecer después de la recuperación, y pueden ir y venir.
Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, en 2024, lo definen como una condición crónica asociada a la infección, de al menos 3 meses de duración. No exige un examen positivo que confirme la infección inicial, ningún síntoma es obligatorio, y el diagnóstico es clínico porque no existe un marcador en la sangre que lo confirme.
Esta guía se centra en el COVID prolongado porque es el síndrome post-viral más estudiado. Muchas de las estrategias para dosificar la energía vienen, además, de la experiencia acumulada con la encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga crónica.
Qué tan frecuente es
Se estima que aparece en al menos el 10% de las infecciones por el virus SARS-CoV-2, que se han descrito más de 200 síntomas y que afectaba a por lo menos 65 millones de personas en el mundo en 2023. Una revisión de 2024 estima que, sumando todos los casos desde el inicio de la pandemia, son alrededor de 400 millones.
Una pregunta razonable es cuánto de eso se debe realmente al virus, porque el cansancio y el dolor también existen sin COVID-19. Un estudio holandés con 76.422 participantes lo midió comparando con personas no infectadas y corrigiendo por los síntomas que cada uno tenía antes: el 12,7% de quienes tuvieron COVID-19 presentaba síntomas atribuibles a la infección entre 90 y 150 días después.
En Chile
Síntomas que duran 3 meses o más
Estudio poblacional en dos ciudades chilenas, en mayo de 2024, con 654 participantes. De quienes tenían síntomas, el 40,1% había reducido sus actividades diarias. Los cuadros con síntomas en varios sistemas del cuerpo se asociaron a diabetes, a haber estado hospitalizado y a haber tenido COVID-19 más de una vez. Son síntomas informados por las propias personas y sin un grupo de comparación no infectado, por lo que no permiten saber cuánto se debe al virus.
La buena noticia es que el riesgo ha bajado, sobre todo en personas vacunadas. En un estudio con 441.583 veteranos estadounidenses, se midió cuántas personas de cada 100 infectadas tenían COVID prolongado al año, según la variante y la vacunación.
El riesgo ha bajado
Casos de COVID prolongado al año por cada 100 infectados
Del descenso observado en la etapa de Ómicron, el 72% se atribuyó a la vacunación y el 28% a cambios del virus y otros efectos del tiempo. Una revisión de 16 estudios observacionales también encontró menos COVID prolongado en personas vacunadas antes de infectarse, con evidencia de certeza baja. Bajó, pero no desapareció.
Los síntomas que más lo distinguen
Un gran estudio estadounidense con 9.764 adultos buscó qué síntomas distinguen mejor a quienes tienen COVID prolongado. Los más característicos fueron:
Malestar después del esfuerzo y fatiga.
Niebla mental: dificultad para concentrarse, recordar o encontrar palabras.
Mareos y palpitaciones.
Síntomas digestivos.
Pérdida o cambio del olfato o del gusto.
Tos crónica, dolor de pecho y sed.
Cambios en el deseo o la función sexual y movimientos anormales.
Entre las personas infectadas desde diciembre de 2021, el 10% cumplía los criterios a los 6 meses. En niños y adolescentes el cuadro se ve distinto: en escolares predominan los síntomas de memoria y concentración, el dolor y los síntomas digestivos; en adolescentes, el cambio del olfato o del gusto, el dolor y la fatiga.
El síntoma clave: empeorar después del esfuerzo
El malestar post-esfuerzo es un empeoramiento de los síntomas y de la capacidad de funcionar después de un esfuerzo físico o mental, incluso leve. Lo que más confunde es el momento: típicamente aparece entre 12 y 48 horas después, y puede durar días o semanas. La persona se siente bien un día, hace un poco más de lo habitual, y al día siguiente o al subsiguiente “se cae”.
Un metaanálisis de 10 estudios, con 4.076 adultos con condición post COVID-19 en la comunidad, estimó que alrededor del 25% lo presenta, con certeza baja. Y no es imaginario: en un estudio en músculo, después de inducir malestar post-esfuerzo se observó que empeoraban las alteraciones metabólicas y aparecía daño muscular inducido por el ejercicio.
Dosificar la energía
El semáforo de la energía
- Verde: lo que toleraActividades que no le empeoran en las 12 a 48 horas siguientes. Esa es su base, y se mantiene aunque un día se sienta mejor.
- Amarillo: reducirSi al día siguiente o al subsiguiente aparecen más cansancio, dolor o niebla mental, la actividad del día anterior fue demasiada. Se baja.
- Rojo: descansarEn un empeoramiento, la prioridad es el descanso. No se “empuja” para recuperar el ritmo.
- Subir de a pocoSolo cuando la base se mantiene estable, y con un plan ajustado a sus síntomas.
Un registro diario de actividades y síntomas ayuda a ver el patrón, porque el empeoramiento llega con retraso. En cinco estudios, los programas centrados en dosificar la energía se asociaron a menos episodios de malestar post-esfuerzo.
Por qué pasa
Todavía no hay una causa única demostrada. Los mecanismos que se están estudiando incluyen restos del virus que persisten en el cuerpo, una desregulación del sistema inmune, alteraciones de las mitocondrias (las estructuras que producen energía en las células), alteraciones del complemento (un grupo de proteínas de defensa), inflamación de la capa interna de los vasos sanguíneos y cambios en la microbiota. Ninguno está confirmado como causa única, y lo más probable es que no exista un solo tratamiento que sirva para todos.
Qué ayuda y qué no
La revisión más completa hasta ahora es una revisión sistemática “viva”, que se va actualizando, con 24 ensayos y 3.695 pacientes.
Tratamientos con evidencia
Lo que probablemente ayuda y lo que no ha demostrado beneficio
Probablemente ayuda
- Terapia cognitivo-conductual en línea: reduce la fatiga y mejora la concentración
- Rehabilitación supervisada que combina lo físico y la salud mental: 161 personas más por cada 1.000 con mejoría importante de la salud global
- Ejercicio aeróbico intermitente adaptado, en personas sin malestar post-esfuerzo: mejora la función física más que el ejercicio continuo
Sin evidencia convincente
- Coenzima Q10
- Probióticos
- Oxígeno hiperbárico
- L-arginina con vitamina C
En la terapia cognitivo-conductual y la rehabilitación, la certeza de la evidencia es moderada. Que una terapia psicológica ayude a algunas personas a manejar los síntomas no significa que el origen sea psicológico.
Con el ejercicio hay que ser cuidadosos. En quienes tienen malestar post-esfuerzo, la rehabilitación debe ser individualizada y ajustada a los síntomas. En las personas sin malestar post-esfuerzo, la rehabilitación supervisada con ejercicio no pareció desencadenarlo, aunque esos estudios tienen alto riesgo de sesgo. Por eso, la guía de fisioterapia recomienda evaluar el malestar post-esfuerzo y la intolerancia ortostática, es decir, los mareos o palpitaciones al ponerse de pie, antes de indicar ejercicio.
Lo que vale la pena revisar
Las dos definiciones coinciden en algo: los síntomas no deben explicarse por otro diagnóstico. Por eso, parte de la evaluación es buscar lo que sí se puede tratar. Un ejemplo es el sueño. En un estudio de 2026 con 73 pacientes de una consulta de COVID prolongado, con participación de equipos de Santiago y de Barcelona, el 83,5% tenía apnea obstructiva del sueño, y en casi un tercio era grave. La mayoría de esos pacientes había estado hospitalizada, pero el dato sugiere que vale la pena preguntar por ronquidos, pausas al respirar de noche y sueño que no descansa, y estudiar el sueño cuando corresponde.
También ayuda medir. En Chile ya existe una adaptación validada de herramientas para registrar los síntomas de COVID prolongado y su impacto en la vida diaria. En el grupo en que se validó, cada paciente tenía en promedio 19 síntomas, lo que muestra por qué ordenar y priorizar es tan importante.
No espere la hora programada
Consulte de urgencia si…
- Tiene dolor de pecho opresivo, falta de aire en reposo o que empeora rápido, o los labios morados.
- Se desmaya, o tiene palpitaciones con mareo intenso o un pulso muy irregular.
- Presenta debilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, confusión o el peor dolor de cabeza de su vida.
- Se le hincha y le duele una pierna, o tose con sangre.
- Tiene ideas de hacerse daño o una desesperanza intensa: busque ayuda de inmediato. Puede llamar a la Línea de Prevención del Suicidio *4141, gratuita, o al 131.
Mitos y lo que dice la evidencia
Lo repito porque circula mucha confusión: la gran mayoría de las personas con secuelas después del COVID las tiene por haberse infectado, no por haberse vacunado. Y, como muestra el gráfico de más arriba, la vacunación se asoció a menos COVID prolongado.
Mitos frecuentes
Lo que escuchamos en consulta
Si no tuve un examen positivo, no puede ser COVID prolongado.
La definición de las Academias Nacionales de Estados Unidos no exige confirmación de laboratorio, y la de la Organización Mundial de la Salud acepta una infección probable.
Es psicológico, está en su cabeza.
Se han documentado alteraciones biológicas, como daño muscular después del esfuerzo y alteraciones del sistema inmune y del complemento.
Hay que forzar el ejercicio para recuperarse.
Con malestar post-esfuerzo, forzar puede empeorar. Se recomienda dosificar la energía y una rehabilitación individualizada.
La vacuna causa COVID prolongado.
La vacunación se asoció a un menor riesgo de COVID prolongado.
Con Ómicron ya no existe.
El riesgo bajó, pero 3,5 de cada 100 personas vacunadas que se infectaron en la etapa de Ómicron lo presentaron.
Los suplementos, como la coenzima Q10 o los probióticos, lo curan.
Los ensayos no muestran evidencia convincente de beneficio.
Preguntas frecuentes
Nunca me hice un examen. ¿Puede ser COVID prolongado?
Sí. Las definiciones actuales aceptan una infección probable y no exigen un examen positivo. Lo importante es la historia: cuándo empezaron los síntomas, cómo han evolucionado y que no haya otra causa que los explique mejor.
¿Debo hacer ejercicio o descansar?
Depende de si tiene malestar post-esfuerzo. Si lo tiene, forzar puede empeorarlo, y lo primero es dosificar la energía. Si no lo tiene, un ejercicio aeróbico intermitente y adaptado mejora la función física. Por eso conviene evaluar esto antes de empezar un programa.
Me recomendaron terapia cognitivo-conductual. ¿Quiere decir que piensan que es psicológico?
No necesariamente. Un programa en línea de terapia cognitivo-conductual probablemente reduce la fatiga y mejora la concentración, y eso es útil. Pero que una herramienta ayude a manejar los síntomas no dice nada sobre su origen, que tiene bases biológicas documentadas.
¿Les pasa también a los niños?
Sí, aunque se ve distinto. En escolares predominan los problemas de memoria y concentración, el dolor y los síntomas digestivos; en adolescentes, el cambio del olfato o del gusto, el dolor y la fatiga.
Cuándo agendar
Cuándo conviene una evaluación
- Lleva 3 meses o más con síntomas después de una infección y le limitan su vida diaria.
- Empeora al día siguiente de un esfuerzo físico o mental.
- Tiene palpitaciones o mareos al ponerse de pie.
- Ronca, hace pausas al respirar o despierta sin descansar.
- Le dijeron que era psicológico sin haber estudiado otras causas.
- Usted necesita un plan claro para ordenar los síntomas y retomar actividades de forma segura.
Si lleva meses con síntomas después de una infección y quiere ordenar el estudio y el plan, puede agendar una consulta presencial o por telemedicina en Encuadrado.
Este es contenido educativo y no reemplaza una evaluación médica. No evaluamos casos por correo ni por redes sociales.
Qué pasa en el sistema inmune después de una infección, y por qué a veces no vuelve del todo a su estado anterior, es uno de los temas que desarrollo en Inmunidad Real, el curso online sobre el sistema inmune con evidencia y sin mitos.
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