Por Dra. María Lorena Ferreira Aranguren, médica especialista en Inmunología y Alergias (Universidad de Chile), Registro Superintendencia de Salud N° 32448. Revisado el 22 de octubre de 2026.
Neumonías que se repiten, sinusitis que no terminan, un antibiótico tras otro. En adultos, las infecciones frecuentes a veces tienen una causa en el sistema inmune, y muchas veces esa causa es adquirida y se puede tratar. Esta guía explica qué señales justifican estudiar las defensas, qué causas son más frecuentes en adultos y cómo se estudia, paso a paso.
Muchos adultos llegan a la consulta después de años de infecciones tratadas una por una: una sinusitis en otoño, una neumonía en invierno, otra al año siguiente, cada vez con un antibiótico distinto y con la sensación de que nadie ha mirado el conjunto. Algunos traen la etiqueta de “defensas bajas” sin un solo examen que la respalde; a otros nunca se les ha medido nada. Me preguntan seguido: “Dra., ¿por qué me enfermo tanto?”. La respuesta corta y la larga, con evidencia.
Respuesta corta. La mayoría de los adultos que se resfrían seguido no tiene un problema de defensas. Lo que hace pensar en el sistema inmune no es tanto el número de resfríos como el tipo de infección: neumonías que se repiten, sinusitis u otitis que vuelven, infecciones graves o que necesitan antibióticos por vena, o infecciones junto con otras señales como diarrea crónica o enfermedades autoinmunes. En adultos, las causas adquiridas, como algunos medicamentos o la diabetes, son más frecuentes que las genéticas. Y el estudio inicial es simple.
Los problemas de defensas también aparecen en adultos
Las enfermedades del sistema inmune con las que se nace hoy se llaman errores innatos de la inmunidad; antes se decía inmunodeficiencias primarias. La clasificación internacional de 2024, de la Unión Internacional de Sociedades de Inmunología, reconoce 508 genes asociados, y 67 defectos nuevos se describieron solo desde 2022. Que sean “innatos” no significa que se diagnostiquen en la infancia: muchos se descubren en la adultez.
La más frecuente con síntomas en adultos es la inmunodeficiencia común variable, en la que el cuerpo produce pocos anticuerpos o anticuerpos que no funcionan bien. En Europa se estima que la tiene alrededor de 1 de cada 25.000 personas. Es poco frecuente, y tiene tratamiento.
El problema es que se diagnostica tarde. En un análisis del registro europeo con 2.212 pacientes, el retraso diagnóstico fue de 4 a 5 años en muchos países. En otro análisis del mismo registro, con 2.700 pacientes de 23 países, la mediana de retraso entre los primeros síntomas y el diagnóstico fue de 4 años, y no ha cambiado en cuatro décadas. Cada año de retraso se asoció a mayor riesgo de muerte, de bronquiectasias (un daño permanente de los bronquios), de tumores sólidos y de enfermedad intestinal. En América Latina y el Caribe, una revisión de 2026 que incluye a Chile describe bajas tasas de diagnóstico y un acceso desigual al estudio en la región.
Para orientarse
Diez señales de alerta en adultos
- 2 o más otitis nuevas en un año.
- 2 o más sinusitis nuevas en un año, sin alergia que las explique.
- Una neumonía al año durante más de un año.
- Diarrea crónica con baja de peso.
- Infecciones virales que se repiten, como herpes, verrugas o condilomas.
- Necesidad repetida de antibióticos por vena para controlar las infecciones.
- Abscesos profundos que se repiten, en la piel o en órganos.
- Hongos persistentes, como algorra o candidiasis que no se va.
- Infección por micobacterias que en otras personas no causan enfermedad.
- Familiares con inmunodeficiencia primaria.
Esta lista es un consenso de expertos de la Fundación Jeffrey Modell, muy usada para orientar a pacientes, pero no está validada en adultos. La evidencia más reciente agrega otras señales: enfermedades autoinmunes sin explicación, sobre todo con glóbulos rojos, blancos o plaquetas bajos; bronquiectasias; ganglios o bazo aumentados que persisten; y diarrea crónica.
Un matiz importante: los resfríos comunes, aunque sean varios al año, si se resuelven bien no son por sí solos una señal de alerta. Lo que pesa son las infecciones bacterianas que vuelven, las graves, las que necesitan antibióticos por vena y las que dejan complicaciones.
No son solo infecciones
Un metaanálisis de 51 estudios, con 8.521 pacientes con inmunodeficiencia común variable, mostró cómo llegan las personas al diagnóstico. Las infecciones respiratorias son la punta del iceberg; debajo hay otras manifestaciones que muchas veces se estudian por separado y nadie conecta.
El iceberg de la inmunodeficiencia común variable
Qué tenían las personas al momento del diagnóstico
También había infecciones graves: sepsis en 8%, mastoiditis en 8%, meningitis en 6% y osteomielitis en 4%. En adultos, el 62% tenía manifestaciones además de las infecciones, frente al 25% de los niños, y entre los adultos la mayoría eran mujeres (58%); en niños predominaban los hombres.
Comparadas con la población general, las personas con inmunodeficiencia común variable tienen bronquiectasias 34 veces más seguido (21,9%), enfermedades autoinmunes 7,6 veces más (23,2%) y linfoma 32,6 veces más (3,8%) (Odnoletkova I et al., Orphanet J Rare Dis 2018). Lo cuento no para asustar, sino porque explica por qué vale la pena diagnosticar a tiempo: con el diagnóstico, estas complicaciones se buscan, se previenen y se siguen.
En adultos, lo más frecuente es una causa adquirida
En adultos, las inmunodeficiencias secundarias, es decir, las que se adquieren por otra enfermedad o por un tratamiento, son más frecuentes que las primarias. La buena noticia es que muchas se pueden corregir.
Dos orígenes distintos
Primarias y secundarias
Primarias (errores innatos)
- Se nace con ellas, aunque pueden manifestarse en la adultez
- Más de 500 genes conocidos
- La más frecuente en adultos: inmunodeficiencia común variable
- A veces hay familiares con inmunodeficiencia o infecciones graves
Secundarias (adquiridas)
- Medicamentos: corticoides y otros inmunosupresores, terapias que eliminan los linfocitos B como el rituximab, algunos anticonvulsivantes
- Pérdida de proteínas por el riñón (síndrome nefrótico) o por el intestino
- Cánceres de la sangre, como la leucemia linfática crónica o el mieloma
- Después de un trasplante
- Enfermedades metabólicas, como la diabetes
En las secundarias, el primer paso es retirar o tratar la causa cuando se puede. Por eso, antes de concluir que alguien “nació con las defensas bajas”, se revisan sus medicamentos y sus otras enfermedades.
El caso del rituximab
El rituximab es un medicamento que elimina los linfocitos B, las células que fabrican anticuerpos. Se usa en artritis reumatoide, vasculitis, linfomas y otras enfermedades inmunes, y es muy útil. Pero en un estudio de 4.479 pacientes, al 85,4% no se le habían medido las inmunoglobulinas antes de empezarlo. Las infecciones graves subieron de 17,2% antes del tratamiento a 21,7% después, y tener una infección grave en los 6 meses siguientes se asoció a casi 5 veces más mortalidad. Si usted va a recibir rituximab, o lo recibió y desde entonces se enferma más, vale la pena conversar con su equipo tratante sobre medir las inmunoglobulinas.
Diabetes y sinusitis difíciles
La diabetes también aumenta el riesgo. En un estudio inglés con 102.493 pacientes, las hospitalizaciones por infección fueron 3,71 veces más frecuentes en la diabetes tipo 1 y 1,88 veces en la tipo 2 que en personas sin diabetes. Y en la sinusitis crónica o recurrente difícil de tratar, hasta el 20% de los pacientes puede tener una inmunodeficiencia de fondo, por lo que vale la pena considerarla cuando los tratamientos habituales no funcionan.
Cómo se estudia, paso a paso
El estudio inicial es simple y se hace con exámenes de sangre habituales. Lo importante es interpretarlos con la historia de infecciones completa.
Escalera de estudio
Se avanza un peldaño según lo que muestra el anterior
- Buscar causas secundariasRevisar medicamentos, diabetes, pérdida de proteínas por el riñón o el intestino, y enfermedades de la sangre.
- Hemograma con recuento diferencialCuántos glóbulos blancos hay y de qué tipo.
- Inmunoglobulinas G, A y MLos niveles de anticuerpos en la sangre, conocidos en los informes como IgG, IgA e IgM.
- Respuesta a vacunasPor ejemplo, anticuerpos contra el neumococo antes y después de vacunar, para ver si los anticuerpos funcionan.
- Según el casoSubpoblaciones de linfocitos, complemento y, cuando corresponde, estudio genético.
Algunas personas tienen inmunoglobulinas normales, pero no producen buenos anticuerpos cuando se vacunan. Por eso la respuesta a vacunas es parte del estudio y un nivel normal no lo descarta todo.
Antes de la consulta, ayuda mucho armar un calendario de infecciones de los últimos uno o dos años: qué fue, cuándo, si hubo fiebre, qué antibiótico se usó, si fue por boca o por vena, y si hubo hospitalización. Traiga también radiografías o escáneres previos y la lista de sus medicamentos.
Qué tratamiento existe
Depende de la causa. Si la inmunodeficiencia es secundaria, lo primero es retirar o tratar lo que la produce, cuando eso es posible. Cuando hay una inmunodeficiencia confirmada, los tratamientos con base científica incluyen mantener las vacunas al día, antibióticos preventivos en algunos casos y, cuando corresponde, el reemplazo de inmunoglobulinas, es decir, administrar los anticuerpos que el cuerpo no logra producir bien. Si se indica, de qué forma y cada cuánto, son decisiones que se toman con el equipo tratante según cada persona.
Lo que no tiene respaldo son los productos para “subir las defensas”. No se encontró evidencia de que vitaminas o suplementos traten una inmunodeficiencia real.
Lo digo seguido en redes: no existen pastillas, polvos ni cápsulas mágicas que potencien el sistema inmune. El sistema inmune no es solo “las defensas”: incluye órganos como el timo, las amígdalas, el bazo, la médula ósea y los ganglios, y muchísimas células distintas que conversan con el sistema nervioso, el hormonal y la microbiota intestinal. Algo tan complejo no se arregla con un frasco; se estudia y, cuando hay una causa, se trata.
No espere la hora programada
Consulte de urgencia si…
- Tiene fiebre alta con mal estado general, confusión, rigidez de nuca o manchas en la piel.
- Tiene dificultad para respirar, o una posible neumonía y ya ha tenido varias.
- Tiene fiebre y está en tratamiento con rituximab, quimioterapia, corticoides en dosis altas u otros inmunosupresores.
- Una infección de la piel se extiende rápido, o hay un absceso profundo.
- Tiene diarrea crónica con baja de peso importante o signos de deshidratación.
Mitos y lo que dice la evidencia
Mitos frecuentes
Lo que escuchamos en consulta
Las inmunodeficiencias son cosa de niños.
La inmunodeficiencia común variable se presenta con frecuencia en adultos, y la mediana de retraso en el diagnóstico es de 4 años.
Si me enfermo mucho, solo necesito vitaminas para subir las defensas.
No hay evidencia de que los suplementos traten una inmunodeficiencia real. Lo que funciona es tratar la causa, vacunas, antibióticos preventivos y, cuando corresponde, inmunoglobulinas.
Si mis inmunoglobulinas son normales, no tengo nada.
Algunas deficiencias son de función: los niveles son normales pero la respuesta a las vacunas es mala.
Resfriarse seguido significa tener una inmunodeficiencia.
Las señales de alerta apuntan a infecciones bacterianas, graves, que requieren antibióticos por vena o que dejan complicaciones.
El rituximab o los corticoides no afectan las defensas a largo plazo.
Pueden producir una baja prolongada de anticuerpos y más infecciones graves.
Preguntas frecuentes
Me resfrío cinco o seis veces al año. ¿Tengo que estudiarme?
Si son resfríos que se resuelven bien, sin neumonías, sin antibióticos por vena y sin complicaciones, en general no es una señal de alerta. Si además tiene sinusitis u otitis bacterianas que vuelven, o alguna de las otras señales de esta guía, sí conviene evaluarlo.
Voy a empezar rituximab, o ya lo recibí. ¿Qué debería preguntar?
Si le midieron las inmunoglobulinas antes de empezar y si conviene controlarlas durante el tratamiento. Y tenga claro que la fiebre durante un tratamiento inmunosupresor es motivo de consulta de urgencia.
Mis inmunoglobulinas salieron normales. ¿Se descarta todo?
No del todo. Si las infecciones son claramente anormales, se estudia además si los anticuerpos funcionan, midiendo la respuesta a vacunas, y según el caso otros componentes del sistema inmune.
Tengo sinusitis que no se van con nada. ¿Puede ser de las defensas?
Puede. Hasta el 20% de las personas con sinusitis crónica o recurrente difícil de tratar tiene una inmunodeficiencia de fondo. Si no hay una alergia que la explique y los tratamientos habituales no funcionan, vale la pena estudiarla.
Cuándo agendar
Cuándo conviene una evaluación con inmunología
- Tiene alguna de las señales de alerta de esta guía.
- Recibe antibióticos varias veces al año y nadie ha estudiado por qué.
- Tiene infecciones junto con otra cosa: una enfermedad autoinmune, diarrea crónica, bronquiectasias o ganglios aumentados.
- Recibió rituximab u otro inmunosupresor y desde entonces se enferma más.
- Hay familiares con inmunodeficiencia o infecciones graves.
- Usted necesita un plan claro y dejar de tratar cada infección por separado.
Si la pregunta es por un niño que se enferma seguido, puede leer también Mi hijo se enferma todo el tiempo: ¿es normal o es el sistema inmune?.
Si usted tiene infecciones que se repiten y quiere saber si vale la pena estudiar sus defensas, puede agendar una consulta presencial o por telemedicina en Encuadrado.
Este es contenido educativo y no reemplaza una evaluación médica. No evaluamos casos por correo ni por redes sociales.
Qué significa de verdad tener “defensas bajas”, y por qué subirlas no es la meta, es uno de los temas que desarrollo en Inmunidad Real, el curso online sobre el sistema inmune con evidencia y sin mitos.
Fuentes
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